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Plenilunio

plena plena, plena luna plena plena, plena yo plenos mis altibajos plenos los exabruptos   ferrocarriles montañas rusas espiral tirabuzón plena plena, plena luna plena plena, plena yo plenos los mares de lágrimas plenos los autoboicots Arena entre los dedos pompas de jabón fusas y semifusas diente de león plena plena, plena luna plena plena, plena yo plenos los arcoiris plenos los suspiros de amor caracol caracolito luna llena y mil días de sol besitos de colores y un cacho de mi corazón

Taxativo.

Ese cielo gris de las mañanas de otoño. Las hojas que caen. El color del bondi que pasa a toda velocidad justo cuando llego a la parada. La gente que saludo cuando entro a la oficina. El aroma del primer mate, y ese palo santo que adivino y extraño. El rayito de sol que me alegra a las cinco de la tarde. Esa canción que suena una y otra vez en la radio. Las gotas que golpean mi ventana, y “qué frío que hace”, dice mi vecina. La luna que sale a caminar siguiendo tu celestequemecuesta.               La risa de mi mamá resonando de aquel lado del charco. La teoría del big bang que ya no es tan divertida. Esa en el espejo que te llora y que no cambia y que cada vez que la miro está más cambiada. El sonido de los tambores que extrañan tus dedos. Cada centímetro de mi piel que siente lo mismo. La señora con el carrito de las compras.  Esa bola de lágrimas en mi espacio intercostal izquierdo y no quie...

Me la juego que la cura está en el mar.

Hacé silencio. ¿Los escuchás? Van haciendo ruidito a cristales. El entrechocar se eleva como cánticos navideños, pero con un dejo amargo y oscuro. Se puede sentir desde lejos en las grandes ciudades. Se puede escuchar con tristeza en las noches de luna llena. Hacé silencio. Prestá atención. Son los corazones hechos pedacitos que alguien no supo amar. Los escuché por primera vez a los 15 años. No entendía de dónde salía ese ruidito a caja de rompecabezas. Me costó algún tiempo darme cuenta de que salía de adentro mío. Cuando caminaba. Cuando bailaba con mis amigas. Cuando corría el colectivo. En cuanto lo comprendí, empecé a escuchar los demás. Escuché las "cajas de rompecabezas" en las chicas que esperaban el bondi en mi parada. Percibí alguna vez las "canicas" en una joven paseando un perro. Una vez me pareció escuchar casi una "lluviecita de astillas" en un hombre cabizbajo y oscuro que me cruzó fumando un pucho. Pronto me dí cuenta de que todos...

Que yo cambie no es extraño.

Van corriendo dulces y cristalinas hacia la gran extensión.  No saben por qué ni cómo, pero la necesidad de ser algo más, las llama. Las hermanas sonrientes las abrazan, y forman olas sabrosas, sin saber de dónde salió sal.  La intensidad del oleaje y ese sazón increíble las llena, las une, las identifica. El cambio llega, y se sienten livianas y libres de sal, volando hacia Eso que es todo y nada. Eso que las mira con un ojo dorado y otro plateado. Eso que las estrella. Se condensan, se aman, se rozan, se agoldonan. Y antes de que se den cuenta, están cayendo. Caen copiosas. Caen melodiosas. Caen dejando olorcito a tierra y mojada, y van.  Van corriendo dulces y cristalinas hacia la gran extensión.  Siempre acaba y vuelve a comenzar... ¿Es que acaso tiene principio y final?

Selenofilia.

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No es más que un resplandor   Un espejismo, quizás Un surco que recorre almas, tierra, mar, Que jamás podré tocar. Y aún así, Siendo tan plateado, perlado, No puedo evitar soñar Queriendo lo imposible. Extender mis manos y no llegar. Ni con la punta de la lengua Sólo con los ojos, Verte brillar. Verte ser, en soledad.