miércoles, 1 de marzo de 2017

¿Siempre indecisa?

Si alguien me pregunta qué quiero lo más probable es que diga “no sé”. Y la verdad es que siempre sé lo que quiero.

Quiero ver tu sonrisa todos los días.

Quiero seguir encontrando libros para leer.

Quiero viajar, acá a la vuelta de la esquina,  y la vuelta al mundo también.

Quiero seguir remando en el mismo bote con vos.

Quiero bailar cuando me vengan ganas.

Quiero sentir que lo que hago es útil.

Quiero alejarme lo más posible del sistema.

Quiero sentir el contacto de tu piel cada noche. No sólo algo sexual. Ni algo inexistente y romántico como “dormir entre tus brazos”. Quiero sentir tu calor, contacto, peso, respiración.

Quiero seguir estudiando. Nunca me había sentido tan bien en un ambiente como en el académico.

Quiero escribir un libro.

Quiero poder decirle siempre a mis amigxs lo que siento.

Quiero soñar sueños imposibles despierta.

Quiero contarte cada mañana lo que soñé por la noche (aunque también suelen ser “imposibles”).

Quiero cuidar animales abandonados.

Quiero ver un cambio.

Y si no hay cambio para ver, quiero seguir cambiando, creciendo, jugando como chicos, amando como nadie, hablando tardes enteras, viviendo con vos.

Quiero con vos (tú sabes).

martes, 4 de octubre de 2016

En un instante.

Hay una mesa larga con familia, amigos, recuerdos, risas.
Hay una mesa larga con tintineos de cristal, de metal, de porcelana.
Hay una mesa larga con burbujeos que recuerdan a frutas, a cebada, a deseo.
Hay una mesa larga con aromas dulces, deliciosos.
Hay una mesa larga con claroscuros, grises y transparencias.
Hay una mesa larga con colores que te gritan, que se esconden, que juegan.
Hay una mesa larga con personas que ya no están, niños que ya crecieron, sueños que se durmieron.
Hay una mesa larga cubierta de seda, de frío y calor que se entremezclan.
Hay una mesa larga con gusto a demasiado, a recargado, a insaboreable.
Hay una mesa larga que percibo con mis cinco sentidos. O seis, o siete.

La recorro con la vista hasta que encuentro tus ojos
Como esas dos canicas extraordinarias, ganadas en un mano a mano que atesoraba de pequeña. 
Como dos caramelos media-hora, que me recuerdan mi niñez, y que quiero volver a probar. 
Como dos lunas, que me devuelven la juventud, y que siempre quiero mirar. 
Como dos fueguitos que me hablan,  me sonríen,  me llaman, me queman y a la vez me congelan. 

Encuentro tus ojos y la mesa queda vacía. 
No lentamente como cuando se va apagando el día, no. 
Se vacía en un instante.
Sólo hay dos canicas, dos caramelos, dos lunas, dos fueguitos. 
Y vos. Tu cuerpo. Tu aiúa. Tu calor. 
Lo puedo sentir. 
Y te amo. Más que nunca y como siempre. 
Te amo. Sólo puedo sonreír. 
Y con tu sonrisa, todo vuelve a su lugar.
Siempre.

miércoles, 27 de abril de 2016

Hilos.

Hace mucho que no escribo. Por lo general eso significa que va todo bien. O puede significar muchas cosas (como que no tengo internet en casa), porque nada es unicausal. La cuestión es que hoy es un día gris. La lluvia me empapó. El bolso chorrea agua y el último libro que me regalaste se mojó en la puntita y casi se arruina la dedicatoria. Tengo la ropa mojada, las medias mojadas, el alma mojada. Y todo eso, o nada de eso, o un poquito de eso, me lleva a escribir.

Estaba pensando en el bondi (gran lugar de meditación, como la ducha o la cama), que las personas que nos marcan se quedan atadas a nosotros con hilitos. Hilitos elásticos que se estiran se estiran se estiran, hasta que ¡paf! O se cortan (en teoría)o se vuelven a su lugar. Una carta, un abrazo, una foto, un reencuentro directo (en mi caso, también sueños) con la persona nos trae y nos recuerda toda esa conexión, esa marca, ese algo que nos unía. A veces sale para la mona, obvio. Hace un tiempo me escribió mi primer novio. No sé para qué, pero charlamos un rato y recordamos algunas cosas. Luego empezamos a hablar de nuestras vidas actuales y el tipo huyó despavorido “porque no era la misma dulce niña que él conoció alguna vez”  (de más está decir que yo tenía 16 años cuando nos conocimos). Ahora la mina le salió con sus ideas zurdas, hippies y revolucianarias. Chau. Se cortó. Ponele.

Pero otras veces puede salir bien… Supongo. Alguien que me diga.


Lo que resalto de estos hilitos, es que no sé si alguna vez se cortan. Porque si bien comparto la idea (progre) de que “soy un ser entero, NADIE me completa”, sí creo que cuando quedamos unidos a alguien, esa unión permanece. Olvidada en algún rincón, quizás, con los hilos gastados, hechos un bollo (a lo cable de auricular), sucios o con telarañas, pero están. Y no importa si un reencuentro (o varios) “sale MAL”. La unión estuvo y va a estar siempre. Por eso perdono, por eso no guardo rencor. Por eso amo. Y amo tantísimo. Y, a veces, extraño. A mi amiga del alma, al que me enseñó matemática, a mi amiga rubia, al que me engañó, al ex de mi mejor amigo, a mi viejo, a la compañera que me trató mal, a mi hermano cuando era chiquito, a mi profe, a mis primas, a la amiga que se fue a Buenos Aires.

Otras veces, intento no recordar. O la vida pasa. Los hilitos siempre están. No me ordenan la vida, no me obligan a comportarme de ninguna manera, no me hacen títere. Me acompañan. Quizás a veces me tironean un poco. Pero me gusta pensar que, de algún modo, también están tironeando del otro lado, y esa persona se acuerda de mi. O no, ¿y?.

Que nuestra unión sea por siempre. Porque estos hilitos me hacen bien.

viernes, 24 de julio de 2015

Revés.

Quizás fue el vino, el mosto sin cuidados.
Quizás fue la noche, anticipándose al verano.
Quizás fueron las estrellas, brillando en esa noche de noviembre.
Quizás fueron mis hormonas, que estaban tristes, después solitarias, después alegres, después tristes again.
No sé si "tenía que ser". Ya no sé si creo en ese destino imperfecto, insípido, indeterminado e insolente. Quizás se juntaron un montón de cosas que no se tenían que juntar para que nos encontráramos.
Mirá si el amor, después de tanto vagar, se encontró en la esquina del engaño y los recuerdos, y dijo "acá no era", le dio miedo la oscuridad y se fue caminando rapidito para otro barrio.
Mirá si la temperatura de mi cuerpo y todos los átomos que me conforman encontraron en tus átomos la temperatura ideal.
Mirá si vos, después de estar todo el día diciendo "no voy", pensaste que la nochecita de verano estaba demasiado linda como para desaprovecharla.
No sé. No sé qué decirte. Si fue todo al revés, entonces vivo del revés, porque econtrarte fue lo que puso todo en su lugar. Fue lo que me hizo volver a la normalidad. Encontrarte fue como el calor del verano, la leña en la casa de mi abuela, la sonrisa de mi mamá, la melodía de la novena, el canto de los grillos en la esquina de Open Door.

Todo cayó en su sitio, y supe, nuevamente, dónde quería estar.

martes, 16 de junio de 2015

21 de junio. Invierno.

El tiempo es como arena en mis manos. Y sin embargo cada granito, pesa.
Pesa como tu cuerpo presionando el mío.
Traspasa mi alma como tu mirada.
Duele como tu adiós.

Mi corazón, en cambio, es ligero. 
Volátil, liviano, efímero. 
Sus latidos son cada vez más lentos, como queriendo terminar la melodía.

Estoy perdida.
Estoy con vida pero sin vida.

El tiempo pesa, traspasa, duele. 
Los años pesan, traspasan, duelen.
Las cosas que se tendría que haber llevado el viento, se quedaron atadas a mí por pequeños hilos invisibles, que me manejan, cual marioneta, hacia donde quieren.

Tantas batallas ganadas y tantas perdidas.
Tantos desiertos, y aguas, y fuegos.
Tantas ganas de abrir mis brazos y abrazarte. 
De abrir mi boca y decir "te amo".
De abrir mis ojos, o los canales a los lados de mis ojos, y llorar tu adiós.

lunes, 16 de marzo de 2015

La facultad de hacer algo inmenso de la vacuidad.


Vueltas de la vida. La vida es un gran momento. Incontables momentos para disfrutar. Las cosas únicas te hacen único. Lo que viene después depende de ti. Affection. Je T'aime. Vulnerabilidad. Te vi, juntabas margaritas del mantel. Belleza. Soñar un poco más. No hay mayor camino a la locura que intentar andar por la vida siendo lo que no se es. Perdón. Confianza. I love you. Paraíso. Live your Passion. Gratitud. In love. Empatía. Instinto. Sentidos del alma. Vos hacés todo más lindo. Pasión. El amor más grande. Intimidad. A veces hace falta dar la vuelta al mundo para saber que lo mejor está en casa. Son mariposas en la panza. La Vie en Rose. Éxito es poder hacer algo que exprese exactamente lo que uno siente. Amour. Fantasía.

jueves, 26 de febrero de 2015

Hazte la fama y échate a llorar (O "Yo nunca me vi").

4 años  -  en Luján. Mis dos amigas del jardín son hermosas. Yo siempre soy la tercera, la que sobra, la que no es tan prolija, o suavecita, o delicada.


5 años  -  mi prima tiene el novio más hermoso del mundo. Todo rubio Backstreet Boy con sus 15 años. Cómo me gusta!


11 años  -  ya en Mar del Plata. Conozco a las dos chicas que van a ser mis hermanas del corazón, regalo de la vida, mis amigas. Y las junto yo, como quien junta caramelos, por hablar demasiado, por hacerme la graciosa, por ser insoportable. Nunca voy a poder ser tan sobria, tan callada, tan reservada como ellas… tan hermosas.


12 años  -  en la puerta de  mi escuela hay una niña pequeña llorando porque no llega su mamá. Me acerco y le digo que todo va a estar bien, que ya no está sola y que su mamá va a llegar pronto. Cuando llega, no le alcanzan las palabras para agradecerme, y se van las dos haciéndose pequeñas, y me vuelvo en redondo, para caminar bajo la lluvia hacia mi casa.


15 años  -  nos quedamos sin agua en casa. Papá se fue hace años, se desvinculó. Y mamá sólo vive para trabajar y atendernos. Javi tiene 13, Agus 8. Crecieron sin la figura paterna que les dijera cómo solucionar esas cosas. Quién va a subir al techo?


17 años  -   me acaba de romper el corazón con otra de sus pendejadas. Se terminó! Nunca voy a poder ganar su amor de verdad. Fui sólo un juego para niños.


20 años   -  me vuelven a romper el corazón. Contemplando una historia virtual que no puede ser. No puede estar sucediendo. Ya no voy a poder salir de este pozo de desesperación.


24 años  -  estoy en una fiesta que no entiendo, viviendo una vida que no parece mía, que aún no termina de arrancar, que simula momentos robados de la vida de alguien más.



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4 años  -  Terminan las clases, y mis compañeros, todos seriecitos y avergonzados me traen regalos, y quieren darme un beso antes de irse de vacaciones. Sus mamás le piden permiso a mi mamá. “El nene no se quiere ir sin saludar a Ximena!” Yo muerta de miedo, vergüenza, incomprensión. No puede ser, está mal. Yo soy la invisible, la que nadie ve. La que nunca nadie vio, la poco femenina. 4 años y qué estás pensando? “Soy fea”.


5 años  -  El Novio de mi prima dice que voy a ser linda cuando sea grande. Frenesí. Descontrol. Escribí su nombre por todos lados. Jonathan. Mis papás no entendían nada. Buscaban Johnys en el jardín. Nenes de mi edad. Xime se enamoró como una adolescente a los 5 años.


11 años  -  Esa loca que las unió a los 11 años, las mantuvo unidas durante 10 años más, 15 años más. Y siguen contando. Ellas siguen alabando tu locuacidad, tu facilidad para hacer amigos, tu simpatía… y nadie sabe lo que sufriste a los 11 años sintiéndote tan tonta…


12 años  -  Unos meses después se sortea una bicicleta en la escuela. Los profesores eligen al mejor alumno. Genial! Oh, pero los alumnos eligen al mejor compañero. Nunca voy a salir sorteada. A mí nadie me quiere. Pero Ximenita se gana la bici y las primeras en festejar son aquella niña y su madre. Bellas de aquella lejana tarde de lluvia y complicaciones. Sé que me acuerdo de ellas… pero por qué se acuerdan de mí? Y otra pregunta, vida, cómo conseguí todos los votos para mejor compañera?


15 años  -  Mi mamá me pide que escale por las paredes, suba al techo, descubra por qué no carga agua… y lo solucione. Y que vuelva a bajar con vida, obvio.

-Por qué yo, mamá? Yo no sé nada!

-Porque podés. Sos la más inteligente de esta casa.

Subí. Lo logré. Bajé. 10 años y más después, aún no entiendo cómo.


17 años  -   Me fui de viaje, por suerte. Y el regresar estaba desesperado por mí. Conocí mucha gente y lugares en ese viaje. Descubrí sueños y cosas de mí que no esperaba. Él ya no me interesaba. Al menos no le daba el poder de volver a romperme el corazón. Por qué, oh, por qué entonces seguía interesado en mí si ya no tenía nada para ofrecerle?


20 años   -  El pozo de desesperación fue grande, o profundo, pero por un extraño motivo que aún desconozco, yo fui más fuerte. O más profunda. Y me levanté más fuerte y más profunda cada vez. Cuando creía que moría, que ya no podía más, que ya no HABÍA más, me aferraba con más ahínco a las paredes de mi pozo, hasta sortear cualquier cosa que él o el destino me pusieran delante.


 24 años  -  En esa fiesta te conocí. Sí, a vos. Y todo cobró sentido. Los momentos dejaron de ser robados para ser míos. Y me sentí femenina, vista, linda, simpática, buena, inteligente, interesante y fuerte. Todo eso que alguna vez, alguien vio en mí y yo nunca entendí, yo nunca lo sentí, hasta que te encontré. Más aún, me sentí amada. Será que soy tan tonta? O completás esos pedazos en mí que, en 25 años, no llegué a comprender? Esos agujeros negros que me absorbieron la vida sin vivirla, y me llevaron a una visión de mí que no existía.

Y así será por muchos años más en los que quizás me sienta hermosa, o simpática y otras veces inteligente y buena. Lo que es seguro es que nunca me vi venir.

Nunca nos vi venir.

martes, 10 de febrero de 2015

Frutas. Quizás.





Quizás pueda, algún día, dejar de escribir triste.
Quizás pueda dejar de ser tan yo. Quizás pueda ser manzana roja en vez de manzana verde.
Quizás pueda dejar de pensar en plural.
Quizás pueda mirar fotos viejas sin llorar.
Quizás pueda dejar de sufrir por algo tan subjetivo e irracional como lo es el amor.
Quizás pueda olvidar esos momentos corrosivos.
Quizás pueda ir simplemente tirando flores en mi camino.
Quizás pueda ir tirando flores en mi camino sin desear que un pétalo se le meta en el ojo a alguien y lo tengan que dejar tuerto. O que te entren varios pétalos por la garganta y te sofoquen hasta la muerte.
Quizás pueda viajar, cantar, soñar, leer todo lo que quiera en un segundo o un milenio.
Quizás pueda no amarte y odiarte en un instante.
Quizás pueda dejar de tequieronotequierotequieronotequiero.
Quizás pueda dejar de callatevosnopodésnada.
Quizás pueda dejar de siseguísvoyalloraryreirybailar.
Quizás pueda dejar de hablar conmigo misma. Pelear. Contradicción.
Nadie puede decirme qué ser. La idea está clarísima. Lo que no sé es qué quiero ser realmente.
¿De qué me vale ser tan decidida en ir contra lo que me digan si yo no sé si quiero o no quiero?
Manzana verde/manzana roja.

Dejá de flasharla sólo por ver una fruta, loca.

martes, 13 de enero de 2015

Everybody hurts.

Alguna vez creí que me enamoraba demasiado. Hoy sé que no fueron tantas. Quizás una sola. O dos. Y la primera vez ni siquiera fue Amor correspondido. ¿Vos también te enamoraste profundamente a los once años?¿Al punto de llorar y rogar “que se dé” durante cinco veranos más? Tiraba cartas y dibujos dirigidos a él, con nombre y apellido,  cuando pasábamos cerca de su barrio en el auto, o en el colectivo de “volver a casa”, esperando que algún día las levantara, o alguien se las llevara.
Dudo que alguna vez haya pasado.
La segunda vez fuiste vos. Hoy lo sé. Y sé que voy a llorar cinco, diez, cincuenta veranos por tu amor. Te voy a amar toda la vida. Te voy a adorar toda mi vida. El único que fue capaz de hacerme sentir fuerte, deseada, hermosa, amada y digna de ser amada.
Igual amé todo, todo el tiempo. Amé mi familia. Amé mi escuela e incluso mi lugar de trabajo. Amé a mis amigos, como grupo y a cada uno con sus peculiaridades. Amé la música. Amé los libros. Amé mascotas. Amé niños que ni siquiera me conocían. Amé colores, luces, objetos, cartas, letras, canciones, dibujos, pinturas, obras de teatro y películas. Amé hasta cansarme de amar. Amé hasta desilusionarme de todo y de todos. Amé hasta entregar todo y recibir muy poquito a cambio. Amé hasta no querer amar más nada. ¿Cuándo amaste tanto que quisiste que se terminara? Yo sé cuándo. Yo estaba ahí.
“If this is love, please, take it from me. I don’t want it.”
No puedo ni quiero seguir escribiendo. Y sin embargo mis dedos se mueven solos por el teclado. En cualquier momento. Los lleva el viento. Pero el dolor, ah, el dolor. Ése no se va. Se te queda pegado adentro y no hay vendaval que se lo lleve. No hay recuerdo, canción o historia que pueda eliminarlo del todo. Nunca. Tengo el dolor de haber amado a los once años. Tengo el dolor de haberme casado. Tengo el dolor de haberme sentido abandonada. Tengo el dolor de sentir que ya no me amabas.
“Why does it hurt so much?”
Estragos. Hace estragos mis ganas de vivir. Mis ganas de seguir. Mi felicidad. Mi burbuja. Mi sonrisa. No hay forma de volver atrás.
Please, please, take it.

Te amo más que a nada en el mundo y por eso duele más que nada en el mundo. Gracias por el calor de tu mano en mi mano. Never EVER take that from me. I love you.