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Nocturnidades

El silencio de la noche en los bosques que me anidaron en los brazos que me soltaron siempre fue mi amigo. Hoy me rodeo de ciudad luces, autos, edificios, semáforos, bocinas, colectivos y recuerdo vagamente tu abrigo. Miro por la ventana silencios internos que gritan quietudes íntimas que desgarran ante todo y frente a todo, sonrío. Nada de silencio, cantos antiguos Nada de soledad, me habito Nada de quietud, juega mi niña Abrazo mi integridad, estoy conmigo.

Amor de tortuga

Corazones que laten Viven Aman Ríen  Corazones que entregan Sufren Lloran Siguen Corazones que se rompen  Se muelen  Se astillan Se desarman Corazones que se acomodan Dolientes Duelantes Pedacito por pedacito Corazones que fueron todo Nidos Sol Abrigo y sabor Corazones rotos Que se resguardan Del calor Del frío  Del amor Del vino Corazones duros Y desabridos Que más que corazones Parecen caparazones

El Amor en los tiempos del Coronavirus

Hace un par de semanas que escucho una carcajada bajita en la isla de mi habitación. La soledad me contó quién era el que se reía. Lo busqué por todos lados, pero no sé dónde se escondió. Quizás el amor nos espía acurrucado debajo de esa bolita de polvo que no barrí porque no tengo tiempo  de estar revisando cada rincón. Quizás el amor ya se cansó de nuestras vueltas Y con el silencio que hay en las calles percibo en susurros lo que tengo que decirte pero me hago la que no presto atención. Quizás el amor se está riendo hace rato de nosotres Viendonos caer de nuevo en la misma situación. Fin del mundo, pandemias y otros yuyos, Pero tu abrazo en mi piel nunca se apagó. Juguemos otra partida Con temperatura pero sin tos te juro que me quedo en cuarentena unas cuatro o cinco vidas con vos.

Taxativo.

Ese cielo gris de las mañanas de otoño. Las hojas que caen. El color del bondi que pasa a toda velocidad justo cuando llego a la parada. La gente que saludo cuando entro a la oficina. El aroma del primer mate, y ese palo santo que adivino y extraño. El rayito de sol que me alegra a las cinco de la tarde. Esa canción que suena una y otra vez en la radio. Las gotas que golpean mi ventana, y “qué frío que hace”, dice mi vecina. La luna que sale a caminar siguiendo tu celestequemecuesta.               La risa de mi mamá resonando de aquel lado del charco. La teoría del big bang que ya no es tan divertida. Esa en el espejo que te llora y que no cambia y que cada vez que la miro está más cambiada. El sonido de los tambores que extrañan tus dedos. Cada centímetro de mi piel que siente lo mismo. La señora con el carrito de las compras.  Esa bola de lágrimas en mi espacio intercostal izquierdo y no quie...

Todo decanta en tu amor, y en mi dolor.

Este fin de semana hallé la playa de los recuerdos. Llegué caminando despacio, pensando en tantas cosas de la vida que me marcan con cicatrices profundas que duelen tanto, y me encontré en un lugar solitario, mágico, increíble. Podía ver la espuma del mar revoltoso y sonoro, jugando con el viento, en un trois de menage con los rayos del sol más limpio y brillante que he visto en mis años de vida. Unas gaviotas volaban uniformemente surcando el cielo celeste. Las rocas brindaban el lugar perfecto para sentarse a reflexionar. Una escalera herrumbrada bajaba desde un camino solitario que se perdía subiendo entre los médanos. Un cartel gigante, tallado en madera antigua y fuerte rezaba “el mar cambia la vida”. Por tanto, mojé mis pies en la blanca espuma de la orilla y deseé que cambiara mi vida. Pronto los recuerdos empezaron a bajar por la escalera. Recuerdos de un pasado muy pasado. Recuerdos de un futuro muy futuro. Mis amigos caminando con sus hijos de la mano. Los abrazos de...