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Plenilunio

plena plena, plena luna plena plena, plena yo plenos mis altibajos plenos los exabruptos   ferrocarriles montañas rusas espiral tirabuzón plena plena, plena luna plena plena, plena yo plenos los mares de lágrimas plenos los autoboicots Arena entre los dedos pompas de jabón fusas y semifusas diente de león plena plena, plena luna plena plena, plena yo plenos los arcoiris plenos los suspiros de amor caracol caracolito luna llena y mil días de sol besitos de colores y un cacho de mi corazón

Nomeolvides

Mil veces quise decirte palabras que no salieron Mil veces quise abrazarte en los fríos de este invierno Mil veces quise llamarte sonrisas de viejos tiempos Mil veces quise olvidarte memorias que se escondieron

El Amor en los tiempos del Coronavirus

Hace un par de semanas que escucho una carcajada bajita en la isla de mi habitación. La soledad me contó quién era el que se reía. Lo busqué por todos lados, pero no sé dónde se escondió. Quizás el amor nos espía acurrucado debajo de esa bolita de polvo que no barrí porque no tengo tiempo  de estar revisando cada rincón. Quizás el amor ya se cansó de nuestras vueltas Y con el silencio que hay en las calles percibo en susurros lo que tengo que decirte pero me hago la que no presto atención. Quizás el amor se está riendo hace rato de nosotres Viendonos caer de nuevo en la misma situación. Fin del mundo, pandemias y otros yuyos, Pero tu abrazo en mi piel nunca se apagó. Juguemos otra partida Con temperatura pero sin tos te juro que me quedo en cuarentena unas cuatro o cinco vidas con vos.

Todo decanta en tu amor, y en mi dolor.

Este fin de semana hallé la playa de los recuerdos. Llegué caminando despacio, pensando en tantas cosas de la vida que me marcan con cicatrices profundas que duelen tanto, y me encontré en un lugar solitario, mágico, increíble. Podía ver la espuma del mar revoltoso y sonoro, jugando con el viento, en un trois de menage con los rayos del sol más limpio y brillante que he visto en mis años de vida. Unas gaviotas volaban uniformemente surcando el cielo celeste. Las rocas brindaban el lugar perfecto para sentarse a reflexionar. Una escalera herrumbrada bajaba desde un camino solitario que se perdía subiendo entre los médanos. Un cartel gigante, tallado en madera antigua y fuerte rezaba “el mar cambia la vida”. Por tanto, mojé mis pies en la blanca espuma de la orilla y deseé que cambiara mi vida. Pronto los recuerdos empezaron a bajar por la escalera. Recuerdos de un pasado muy pasado. Recuerdos de un futuro muy futuro. Mis amigos caminando con sus hijos de la mano. Los abrazos de...

¿Cómo no voy a esperarte?

Yo no me explico cómo no sentís el amor que te brota por los ojos cuando me descubrís, sin querer, entre la multitud. Yo no entiendo cómo no sentís el amor que se te escapa en las sonrisas que me dedicás cuando me encontrás espiándote sin permiso. Yo no comprendo cómo no sentís el amor que se te desprende cuando descansás tu cuerpo entero en mis abrazos. Yo no concibo cómo no sentís el amor que naufraga en las palabras cuando no te animás a decirlas, pero las adivino. Yo no te creo que no sentís el amor que estoy sintiendo, porque brota, escapa y se desprende de vos mismo, y, en vos mismo, naufraga. Siempre aquí te espero.

De vez en cuando la vida.

Hubo un día en que te vi Todo cielo y llamitas Todo luz Música Hubo un día en que te observé Todo cómplice y candombe Todo risa Bosque Hubo un día en que te conocí Todo miradas y fernet Todo sorpresas Beso Hubo un día en que te amé Todo ricota y Buenos Aires Todo sábanas Juego Hubo un día en que te despedí Todo ascensor y melancolía Todo abrazos Música, otra vez Hasta siempre.

La cama siempre deshecha de amor.

Mirarme Y que brillen Los caleidoscopios De tus ojos. Escucharme Y que borboteen Los calores De tu sangre Sentirme Y que estallen Los núcleos De tus células. Encontrarme Y que despierten Los deseos De tus labios. Saborearme Y que se desespere Tu clinomanía Conmigo.